Todos sabemos que la forma en que somos criados puede tener un enorme impacto en el adulto en el que nos convertimos. Familias estables tienden a crear familias estables. Los niños que son criados en ambientes más problemáticos… bueno, estadísticamente, presentan más problemas al convertirse en adultos.
Así que, ¿qué sucede cuando alguien pasa sus años de formación en la Mansión Playboy de Hugh Hefner?
A decir verdad, Shelley no nació ni creció bajo el amparo de la hoy arrugada ala de Hef. Ella pasó gran parte de su niñez en un orfanato, pero creció y estaba muy no era muy bonita como para ser adoptada (según se insinúa).
Al llegar a su adolescencia, cambia sus anteojos y sus frenillos por sostenes talla D y comienza a llamar mucho la atención. "Al fin parece que le gusto a la gente", dice —tanto que finalmente es "adoptada" por Hefner, por lo que se muda a la casa Playboy, donde aprende todo tipo de "lecciones" nuevas.
¿Su objetivo profesional? Convertirse en la próxima Miss Noviembre de la revista Playboy, lo que para ella es el máximo honor.
Pero pronto las cosas se ponen un poco difíciles para la conejita Shelley. Un día Hef le organiza una espléndida fiesta de cumpleaños para celebrar sus 27 años, y poco después la echa de la casa. Al parecer, 27 años son "59 para los conejos", le dice su amigo Marvin, y simplemente ella es muy vieja para hacerle compañía al magnate de 82 años. De repente, se encuentra viviendo en la calle, completamente indigente. Y las habilidades que aprendió en la Mansión Playboy tienen aplicaciones limitadas en el mundo real.
¿Para dónde se va Shelley? A la universidad. Pero no a estudiar, sino para convertirse en la "mamá del dormitorio" de las chicas más nerdas del campus. Al parecer las chicas de la casa Zeta no tienen idea de cómo ser seductoras. Visten de manera recatada, van a sus clases y un par de ellas usa anteojos. ¡Qué horror! ¿Por qué? Porque ni siquiera saben cómo hacer abdominales. ¿Qué es lo que enseñan las universidades en estos días?
Este es justo el reto que Shelley quiere y el trabajo que necesita. Pronto, hace que las chicas Zeta internalicen su propio lema: "Para sentirse bien por dentro hay que verse bien por fuera".
ELEMENTOS POSITIVOS:
Por supuesto que Shelley está equivocada en este último punto, y eventualmente ella (y el resto de chicas) se dan cuenta de ello -un punto a favor de la clasificación PG-13. Todas aprenden que la amistad y ser sincero con uno mismo es más importante que ser sexy (sin embargo, debo advertir, que la película pregona que no hay nada de malo en jugar a ambos lados de la cerca).
Además, Shelley es una chica simpática y de buen corazón. "La amabilidad es amor con sus botas de trabajo puestas", dice, y parece que lo cree de verdad. Ella se preocupa sinceramente por las chicas de la hermandad y quiere hacer un cambio positivo en sus vidas. A través de su tutelaje, todas ellas parecer obtener un nuevo sentido de autoconfianza. Se adhiere al compromiso filántropo de la casa (aunque no puede ni pronunciar la palabra) y hace que todas se involucren con un hogar de cuidados médicos para ancianos.
"¡Es genial que le provea a los médicos un lugar para vivir!" le dice al tipo que administra el lugar.
CONTENIDO ESPIRITUAL:
Una de las primeras tareas de Shelley como la madre de la casa Zeta, es cambiar la percepción que tiene la universidad sobre la hermandad, y para lograrlo hace que las chicas posen para un calendario. Una chica se viste como una bruja de Halloween. "¿Eres una bruja buena o una bruja mala?" le dice Shelley a la modelo.
Cuando Shelley se entera de que una de las chicas Zeta es virgen, organiza una fiesta temática azteca enfocada en el "Sacrificio de la Virgen" -algo que siempre quiso hacer en la Mansión Playboy, pero "¡nunca pudimos encontrar una virgen para sacrificarla!" La ceremonia no incluye nada sangriento ni ningún acto para robarle su virginidad. La virgen sacrificada salta dentro de un tanque de gelatina anaranjada y se desliza hacia una piscina, mientras los invitados corean: "¡Sacrificio! ¡Sacrificio!"
CONTENIDO SEXUAL:
Dos palabras: Hugh Hefner.
Hef, el proveedor de pornografía más famoso del mundo, en esta película, está en todas partes, tanto física como (in)moralmente. La mayoría de los trajes que visten las chicas en The House Bunny cabrían en una taza regular de café, dejando el espacio necesario para la crema y el azúcar.
Las primeras escenas en la Mansión Playboy están llenas de mujeres exhibiendo sus cuerpos en bikinis. Y una vez que Shelley comienza a inculcarles su propio sentido de la moda ("¡todo tiene que ver con lo pequeñito!") a las chicas Zeta, la casa de la hermandad no está muy lejos de la Mansión. Las chicas comienzan a mostrar sus piernas, escote y abdomen. (Una chica tiene casi nueve meses de embarazo y vemos mucho de su vientre redondo.)
Shelley muestra más piel que ninguna otra, por supuesto. En un momento, la vemos salir desnuda del baño, de la cintura para arriba (la vemos de espalda), mientras le dice a las chicas Zeta que le gusta "secarse al aire". Luego, tira la toalla. (Nuevamente, la cámara la enfoca por detrás, y vemos algo de su trasero.)
El código de vestimenta de Shelley no pasa desapercibido. Muchos estudiantes universitarios jadean (especialmente cuando ella está lavando automóviles). Su rival, Catty, la insulta por ser una "zorra" y una "p…a", y le pregunta si no estaría mejor trabajando en un burdel.
Un par de cosas más: Shelley pasa una noche en la cárcel junto a un puñado de prostitutas, incluyendo a un travesti. Ella describe noches en la Mansión, en las que ella y otras conejitas pasaban horas "pintándose el cuerpo unas a las otras" y horneando galletas con formas anatómicas. Ella les dice a las chicas que "los ojos son los pezones de la cara" y usa todo tipo de lenguaje sexualizado para seducir al chico que le gusta.
Algunos diálogos sugieren que Shelley ha sido víctima de violación, celebraciones sexuales alocadas y todo tipo de objetivizaciones. Cuando un oficial de policía le pide que sople para realizar la prueba de la alcoholemia, Shelley piensa que él le está pidiendo sexo oral. Las conejitas Playboy se dan nalgadas entre ellas. Una chica Zeta riega agua sobre su pantalón en un equivocado esfuerzo por parecer sexy. En la foto de un calendario, vemos a una de las chicas Zeta posando sugestivamente, al parecer desnuda de la cintura para abajo, detrás de un arbusto.
Muchas de las bromas de la película tienen que ver con humor e imágenes sexuales. Un ejemplo: La Z y la E del rótulo a la entrada de la casa ZETA se han caído, a lo que Shelley dice: "al menos todavía tienen T y A".
CONTENIDO VIOLENTO:
Un gato, que se niega a dejar la Mansión Playboy, le clava las uñas a la piel de un tipo. Cuando la gran letra Z de madera se cae, golpea a Shelley en la cabeza. En un restaurante, Shelley corre entre las mesas. Y sufre serias quemaduras cuando se para sobre una alcantarilla, esperando recrear la famosa escena de la película The Seven Year Itch de Marilyn Monroe con el vestido ondeando.
Algunas veces, los personajes femeninos se golpean los senos unas a otras.
LENGUAJE VULGAR:
Shelley se deja decir "c…r" una vez, y hace referencias groseras a la anatomía masculina cuando se enoja. Algunos personajes dicen "c…o", "p…a" e "inf…o" ocasionalmente, y usan erróneamente el nombre de Dios en alrededor de doce oportunidades.
CONTENIDO CON ALCOHOL O DROGAS:
Las chicas Zeta van a un bar y beben seis cócteles llamados "Virgen María" y un "Kamikaze". Los personajes y varios extras sostienen cócteles coloridos durante la fiesta del sacrificio de la virgen.
OTROS ELEMENTOS NEGATIVOS:
Durante un concurso de karaoke, las chicas Zeta interpretan una versión alterada de la canción "Like a Virgen" ["Como una Virgen"], la cual incluye la frase "gran bolsa de caca". Los personajes hacen referencias a los pedos. Cuando una chica pregunta dónde se encuentra el baño, hace un gesto grotesco como si planeara defecar ahí mismo. Shelley se libra de una situación incómoda, mintiendo.
CONCLUSIÓN:
Shelley nos cuenta que, cuando era niña, le gustaba resfriarse pues así podía ingerir un particular medicamento. Al parecer, era alérgica a la medicina —le provocaba una picazón insoportable— pero también le daba a su piel un brillo atractivo, y cuando eso pasaba la gente le prestaba atención. Sus ansías por ese tipo de atención sobrepasa todo. "Ignoraba todos los desagradables efectos secundarios con tal de sentirme hermosa", dice.
Las chicas no tienen que ser criadas en la Mansión Playboy para entender esas ansías y sentir esa presión. De acuerdo al UPI, las mujeres están gastando grandes cantidades de dinero para crecer más rápido, permanecer jóvenes por más tiempo y mantener sus cuerpos en un irreal y arbitrario estado de perfección. Se están sometiendo a cirugías plásticas a edades más y más tempranas, y MSNBC reporta que chicas —algunas veces presionadas por sus madres— se están practicando depilaciones en el área del bikini, a la corta edad de 6 años.
Así que el mensaje de la película de que ser "sexy" no lo es "todo", es bueno —en cierto punto. Y quiero darle crédito por eso —hasta ese punto.
Pero no podemos ignorar el hecho de que The Bunny House toma un hipócrita camino lleno de mensajes erróneos para llegar ahí.
Antes de que Shelley entrara a sus vidas, las chicas Zeta son vistas por el resto de la universidad como bobas —desaliñadas, nerdas, inseguras. Cuando Shelley las transforma, se vuelven hermosas y populares. Claro, se sobrepasan. Pero una vez que se arrepienten, ¿vuelven a ser las mismas de antes? No. Se vuelven híbridos —parte ellas mismas, parte Shelley. Y francamente, si no se hubieran vestido con trajes ajustados, nunca las hubieran notado, y estarían en el mismo lugar.
El experimento de la casa Zeta refleja la propia experiencia que Shelley vivió como huérfana, cuando fue literalmente rechazada hasta que su apariencia de patito feo se volvió un lindo y rubio cisne. Ser uno mismo es bueno, pero al parecer ser hermoso te llevará lejos.
A decir verdad, la película nunca rechaza por completo la aseveración de Shelley de que sentirse bien por dentro tiene que ver con verse bien por fuera. Todas las futuras conejitas en The Bunny House utilizan el verse mejor como un catalizador para sentirse mejor. Y ese puede ser un método exageradamente peligroso, particularmente cuando se acompaña —como sucede en esta película— de gran cantidad de imágenes, bromas y tópicos sexuales.
Una última viñeta ilustrativa:
Hugh Hefner, un hombre arrugado, le pide a Shelley que regrese a la Mansión. Se nos dice que el hecho de ella tenga 27 años de edad ya no importa.
Qué gesto tan magnánimo…
Pero nos arrastra a esta pregunta: Si en lugar de años, Shelley hubiera ganado 27 libras, ¿estaría Hef tan dispuesto a recibirla de regreso?